El reconocido profesor Giovani Sartori en el prólogo a la edición Mexicana de su obra Ingeniería constitucional comparada:  una investigación de estructuras, incentivos y resultados, refiere que casi todos los países latinoamericanos, al escoger sus formas constitucionales se inspiraron en el modelo de los Estados Unidos de América y que sin embargo, los regímenes presidenciales de estos  han sido sumamente inestables y que con claridad han mostrado graves fallas, destacando la excepción de México, porque según dice hace unos 70 años ( refiriéndose a los años 70), inventó un casi  único “sistema hegemónico” de gobierno; apreciemos que ya en inicios del siglo XXI, esto no es tan así en México y que en el caso de este país hermano, estamos en lo que Sartori llamaría un período de transición; para esta breve reflexión se preguntaba ¿a dónde va?.

El reconocido profesor Giovani Sartori en el prólogo a la edición Mexicana de su obra Ingeniería constitucional comparada:  una investigación de estructuras, incentivos y resultados, refiere que casi todos los países latinoamericanos, al escoger sus formas constitucionales se inspiraron en el modelo de los Estados Unidos de América y que sin embargo, los regímenes presidenciales de estos  han sido sumamente inestables y que con claridad han mostrado graves fallas, destacando la excepción de México, porque según dice hace unos 70 años ( refiriéndose a los años 70), inventó un casi  único “sistema hegemónico” de gobierno; apreciemos que ya en inicios del siglo XXI, esto no es tan así en México y que en el caso de este país hermano, estamos en lo que Sartori llamaría un período de transición; para esta breve reflexión se preguntaba ¿a dónde va?.

¿A dónde vamos? creo que sería una buena reflexión con  Bertrand Russell cuando sobre la Ciencia y el Arte y frente a la Política nos decía lo siguiente: El brusco cambio producido por la ciencia, ha transformado el equilibrio entre nuestros instintos y nuestras circunstancias pero en direcciones que  no se ha advertido suficientemente.  El exceso de comida no es peligroso, pero el exceso de lucha sí lo es.  Los instintos humanos de poder y rivalidad, como el hambre canina del perro, tendrán que ser frenados artificialmente , si ha de tener éxito el industrialismo.  La ciencia puede, si lo decide , permitir que nuestros nietos vivan una buena vida, al darles conocimientos, dominio de sí, y caracteres que den lugar a armonía en vez de lucha.  Actualmente enseña a nuestros hijos a matarse entre sí, porque muchos hombres de ciencia están dispuestos a sacrificar el futuro de la humanidad, a su prosperidad momentánea… de no ser una recaída en una sociedad precientífica que solo podría tener lugar mediante un proceso que supusiera épocas de hambre…. la única cura de esta desviación  de la ciencia a método de destrucción, es la creación de un solo super estado bastante fuerte para ser imposibles las guerras.  Pero éste es un problema de los políticos, no de los hombres de ciencia.

Creo que hacia eso sin imposiciones y con entendimiento sano sin opresión de nadie sobre otro queremos llegar; sin duda que estos esfuerzos se reflejan en algo por ejemplo en el tratado por el que se establece una constitución para Europa firmado en Roma el 29 de octubre de 2004 y que lamentablemente está en espera. En nuestro caso Latinoamérica o Indoamérica, andamos hace tiempo con esa ilusión de orden constitucional, que pueda significar el orden jurídico de una hermandad continental. Un esfuerzo constitucional latinoamericano o indoamericano, si bien convocada por la Monarquía española, podría ser la Constitución de Cádiz promulgada en dicha ciudad  el 19 de marzo de 1812. Fueron algunos representantes:

Por ejemplo, José Maria Veladiez y Herrera diputado de Guadalajara (México), Andrés de Jáuregui, Diputado por la Habana

José Joaquín Ortiz diputado por Panamá

Florencio Castillo, diputado por Costa Rica

José Antonio López de la Plata, diputado por Nicaragua

José Ignacio Beye Cisneros , Diputado por México.

Y otros ilustres indoamericanos de la época, luego podríamos hablar del Congreso Anfictiónico de Panamá; podríamos reflejar ya en el siglo XX el intento del Parlatino (Parlamento Latinoamericano), lamentablemente sin la efectividad y eficacia del Parlamento Europeo y en estos últimos tiempos, los esfuerzos por consolidar el MERCOSUR y el CAN.

En un mundo tan cercano hoy y a la vez tan lejos, pensaba con el Maestro Sartori, Norberto Bobbio, Rousseau, Montesquieu, Jellineck y otros ilustres hermanos europeos allende nuestro continente, de los que  hemos aprendido la Ciencia Política,  Teoría del Estado, como el Derecho Constitucional ¿ por qué a veces no se mira todo el continente Indoamericano?, por ejemplo cuando el ilustre profesor Sartori se refiere a que casi todos lo países latinoamericanos nos inspiramos en el modelo de los Estados Unidos, lo hace quizás viendo solo las constituciones de Brasil y Argentina, que tienen un modelo de Estado federado, sin Tribunal Constitucional , presidencialista cercano al modelo americano; pero, la gran mayoría de los estados latinoamericanos tenemos constituciones que pretenden rescatar algo de lo presidencial, con el sistema parlamentario, convirtiendo estos sistemas en un híbrido con mayor o menor intensidad en algunos casos.

Acierta el Profesor Sartori en el hecho de que los sistemas a los que él se ha referido y sobre los que estoy modestamente ampliando algo , han resultado inestables y como consecuencia de ello, nuestros pueblos han venido de dictaduras militares o cívico militares según el caso. Creo que, lo que ha pasado, es que no nos hemos detenido a revisar donde está la falla. Nuestra historia no puede negarle a sus juventudes su viva participación en defensa de las libertades y ansias de democracia, han combatido muchas veces heroicamente a las dictaduras y gracias a esa tenacidad y perseverancia, sufrimiento y dolor se ha retornado al cauce de las transiciones democráticas; muchas generaciones, por no decir casi todas, con sus sufrimiento y valentía a su tiempo, han logrado derrocar dictadores, pero creo que nos olvidamos de corregir el sistema y eso ha generado una continuidad.

En los últimos tiempos, pareciera descubrirse que el tema pasa por mejorar el sistema estructural de nuestros Estados, que permitan no solo consolidar nuestras incipientes democracias  y cerrar las puertas a toda tentación totalitaria sino; también, acercar más el estado al ciudadano, es decir que el gobernado también se sienta gobernante. Estamos viendo de cerca y esperando atentos que tenga buen resultado las experiencias que se vienen en Bolivia y Ecuador y no sea más de lo mismo.

Georg Jellinek, señala que el estado como todo fenómeno histórico se encuentra en evolución dentro de un proceso de cambio permanente en sus formas; para nosotros, el orden social y jurídico, se muestra de distintas maneras dentro de nuestra forma de vida y cultura, teniendo que entender las realidades de nuestros pueblos y su época, el cual ahora encierra algunas coincidencias dentro de los sentimientos y valores descuidados a nivel mundial, lo que nos lleva a mirarnos más y no alejarnos de nuestro espacio y tiempo.

El sistema  parlamentario, ha dado alguna solución al problema de la legitimidad, cuando vuelve al soberano para solucionar la controversia o su ausencia y tener entonces de alguna forma, más cerca al ciudadano contribuyente; su derecho libre y voluntario a sufragar, permite que se exprese un mejor control sobre el gobernante, manteniendo en algo , el contrato social entre las partes interesadas.

Nosotros . Latinoamérica –  tenemos que decidirnos a librar el gran debate en si decidimos por un sistema parlamentario o mejoramos el que hemos creado en base a otras experiencias e ideas propias. Al respecto, creo que a ese debate podemos poner la alternativa de reducir el período del mandato legislativo y combinar mejor las facultades presidenciales con el control político, desarrollando el constitucionalismo para evitar el exceso de poder o su mal uso; para ello es fundamental a su vez, otorgar verdadera autonomía al Organo judicial, implicando dentro de ella, necesariamente una mejor composición y calidad de magistrados,  difícil no es, requiere de ordenar el sistema y tener voluntad política.

En la mayoría de nuestros países el mandato legislativo de la cámara política es de 4 o cinco años – antes era mayor-, por ejemplo; México 3 años, Chile 4 años, Ecuador 4 años, Brasil 4 años, Bolivia, Uruguay y Venezuela 5 años; y, en la mayoría de casos a partir del tercer año – a veces antes – los representantes pierden legitimidad y empieza a sentirse insatisfacción y descontento en el ciudadano contribuyente, lo que genera además una mortificación interna con su espíritu democrático, que  siente como si estuviese con una camisa de fuerza e impotencia al no poder hacer nada frente a estos mandatos, lo cual es peligroso, porque empieza en muchos casos a expresarse en las calles esta frustración y en muchas oportunidades ha generado conspiraciones o solicitudes de asambleas constituyentes aunque la originalidad no esté presente en el cambio.

Entre otros temas, aquí está el debate, porque se produce un sentimiento antisistema que a veces se aleja de lo razonable y del tiempo en que se vive, sin que esto no quiera decir que no sea necesario el cambio, esto está en manos de los políticos que están en el poder, que a veces no entienden o no quieren entender que la democracia aún es frágil y que hay que construirla con el pueblo. La pobreza y falta de civismo en muchos casos, por la falta de práctica democrática y falta de comunicación con sus gobernantes es caldo de cultivo para la frustración y la violencia, en estos tiempos estimulada también por el narco-terrorismo.

Ante esto, creo que lo mejor es como decía Martí: la revolución está en el sufragio; entonces, hay que consultar con más frecuencia al ciudadano contribuyente y para ello creo que lo mejor es reducir el período del mandato legislativo a dos años o a mitad del período presidencial – si es de cinco años -, renovación completa, porque mitades o tercios no se condice con nuestra idiosincrasia, que a lo mejor no va a quedar contento con los sorteos. A esto hay que sumarle con audacia, el voto voluntario. Estas son algunas de las reformas que exigen nuestros sistemas un poco rendidos. Los tiempos seguramente nos llevarán a nuevos conceptos de nación y por que no de estado, siempre y cuando se oriente hacia el bienestar general.

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